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Bobby Gillespie, de Primal Scream: “Necesitamos una revolución ecológica”

El cantante habla de su nuevo disco, “Utopian Ashes”. También explica por qué compone mejor que nunca, cuenta cómo cambiaría el mundo, repasa los 30 años de “Screamadelica” y se emociona con Maradona. Entrevista exclusiva.

“Lloré tres días al ver el cuerpo de Diego y las miles de personas que lo despedían. Era la muerte de un santo -dice Bobby Gillespie-. Había tipos grandes gritando, tirándole banderas argentinas y flores al cajón. Como millones en el mundo, yo proyecté un montón de cosas sobre él, ¿sabés? Igual que con superestrellas como Elvis, John Lennon, Muhammad Ali o Michael Jackson. Para mí era un héroe de clase obrera: salió de las villas de Buenos Aires, pero también podría haber nacido en las de Glasgow. No tenía otras opciones ni educación, excepto las de ser un talentosísimo jugador de fútbol, poético y rockandrollero”.

Esta mañana de martes, al cantante de Primal Scream se lo nota realmente entusiasmado con Maradona. “Más allá de que era petiso y jugaba contra tipos mucho más grandes y rápidos, su corazón tenía fuerza de sobra. Y eso es por donde había nacido. Nada le iba a impedir llegar adonde quería. Creció en una desventaja total, como millones, y su poder venía de haber sido pobre, aparte de su conciencia de clase. Era un futbolista marxista y revolucionario. Por eso amo a Diego: nunca se olvidó de dónde venía, siempre se juntó con los desposeídos. Era un rebelde, un outsider. Quizás el último héroe obrero a escala global. Y batallaba con un montón de demonios: la cocaína, su adicción por las mujeres, la mafia, la FIFA, la Asociación Italiana de Fútbol… eran batallas dentro de la cancha, en su cuerpo e internamente. Su vida era una guerra constante, pero entretenía al mundo con arte”.

Y continúa: “Nunca se olvidó de dónde venía, aunque era amigo de gente como Fidel Castro o Hugo Chávez. Incluso al final, cuando era comentarista de las Copas del Mundo, hablaba de su apoyo por Palestina. Creo que la visitó. Fue obviamente el mejor jugador de fútbol que haya vivido, ¡e hizo dos goles contra Inglaterra! El de 1986 fue el mejor, con la Mano de Dios, cuando le ganó a diez jugadores ingleses y se metió en su mitad de la cancha. Era increíble”.

-¿Sentís que viviste los mismos demonios de la fama y los excesos? Además tu papá era del partido Laborista, y siempre tuviste ese trasfondo.

-Sí, definitivamente. Maradona envolvía todas las fragilidades humanas, y por eso también lo amamos. Todos somos pecadores y tenemos errores, y era una figura casi shakesperiana, increíble. ¡Qué vida! No sé qué más decir, pero verás que lo amo (risas). Su forma de jugar equivalía a un lindo poema o a un buen disco de rock and roll. Te inspiraba a vivir, especialmente cuando su mano le hizo el gol a los ingleses. Y también entiendo cómo se siente que te dejen de lado y te ignoren por venir de clase baja. Acá arranca cuando no aprobás el “11+ Test”: a esa edad sabés que no vas a llegar a la universidad y que te resignás a una vida de trabajo industrial, sea cualificado o no. También te dicen que nunca vas a ser artista. No te van a alentar y vos no lo vas a considerar, porque el sistema británico es muy clasista. Como mi padre era marxista, nos pasó algo de conciencia a mi hermano y a mí. Siempre tuve bronca de que nunca me apoyaran para ser esto, ¿sabés? Pero ni yo lo supe hasta que arrancamos a girar con Primal Scream, a mis veinte. Me hubiera gustado entenderlo antes, para tener más oficio y conocimiento. Nadie de mi trasfondo iba a la escuela de arte: todos trabajaban en fábricas o eran desempleados. Porque si venís de las clases bajas, no servís para la literatura, las artes plásticas o la música. Eso queda para los de arriba. Así que sí, me identifico con Diego en ese estilo estoico, en la dureza y en enfocarte en esa única cosita en la que sos bueno… y llevarla al extremo. Porque no hay otra forma, seas futbolista, rockero o boxeador. Ya sea en Gran Bretaña, la Argentina, Francia o Alemania, la mayoría se queda donde nació, en los límites estipulados.

-Solías remarcar que las clases altas británicas no generaban su propio dinero, sino que lo heredaban. ¿Seguís pensándolo?

-Sí, al menos en los Estados Unidos no existe la meritocracia. Es un mito eso de que “cualquiera puede lograrlo” en la sociedad capitalista. La historia muestra que el porcentaje más alto de la riqueza es heredado. No es dinero que sus papás hayan ganado en vida; vienen de generaciones anteriores de explotar a otra gente. Las viejas familias nunca se quedan sin las tierras o las propiedades. La democracia parlamentaria es la forma de las elites para envenenarnos y crear esta ilusión de que los hombres y mujeres influimos en el curso del país, y no es así. Por eso esas familias, con riquezas de 600 u 800 años, se alían con las dictaduras fascistas. Así mantienen todo como está.

-En “Uptown”, de Primal Scream, hablabas de cómo lo único que tiene un trabajador es “el fin de semana”, porque después vuelve al mismo loop y nunca sale de ese círculo.

-Sí, y estaría bueno que pudiéramos redistribuir la riqueza. Y no hablo del comunismo, sino de una socialdemocracia que mezcle el capitalismo y el socialismo, así los dos hacen un pacto. Que tengamos servicios públicos de salud y escuelas fuertes, que el gas y la electricidad no sean privados y que haya convenios colectivos entre los empleados y los jefes. Que los de arriba sigan generando su beneficio, pero que a los demás les paguen más que un salario mínimo. La sociedad sería más feliz y mejor, porque no creo que la gente quiera mucho, ¿sabés? Sólo es no pasar hambre, dormir bajo techo y vivir con buena educación y salud. Podrían subir un poco los impuestos a las corporaciones y sería mejor. Es fácil y no tenés que ir al extremo de Marx o Lennin. A fines de los ‘60, los CEOs de Ford o General Motors ganaban 25 o 30 veces más que un empleado de la concesionaria. Ahora se multiplica por cientos. El mundo es mucho más desigual que cuando yo crecía, porque me crié en una socialdemocracia. Margaret Thatcher y Ronald Reagan pusieron un punto final, y el resto del mundo los siguió. Podríamos hacer que la vida de la gente mejore de forma bastante simple.

UTOPIAN ASHES

Mientras habla por Zoom, el cantante luce una camisa a cuadros que contrasta con los trajes coloridos que usa en el escenario hace casi 40 años. Así como fue un adelantado con la moda, lo mismo aplica para Primal Scream: es una banda para oídos abiertos. Desde los primeros discos con espíritu blusero y garage pasaron a la psicodelia ácida de “Screamadelica” (1991), que vendió millones. A Bobby y los suyos les hubiera sido fácil seguir por ese camino, pero volvieron a virar: “Give Out But Don’t Give Up” (1994) -hecho en Memphis- los llevó al rock clásico.

En “Vanishing Point” (1997), en cambio, mezclaron al dub con Motörhead. Y aunque ya no sorprendía que exploraran distintos territorios, en tres años dejaron atónitos a todos con el industrial “XTRMNTR” (2000). La tendencia se repitió con los otros cinco álbumes que sacaron desde 2002, pero creemos que se entiende el punto. Aún así, a Gillespie le faltaba algo: un disco de duetos. Y llegó hace unos meses con “Utopian Ashes” (Sony), junto a Jehnny Beth, cantante de Savages. El británico, así y todo, ya le había escrito al desamor.

-A primera escucha parece un disco “distinto”, aunque en temas de Primal Scream como “100% Or Nothing” hablabas de relaciones venenosas, ¿no?

-Estás en lo cierto, completamente. Como esa canción es tan uptemo, electrónica y soul, todos piensan que decimos lo mismo que en “Rocks” o en los más acelerados. ¡Y se lo pierden! Ya componía de lo mismo que en “Utopian Ashes”, pero como en el disco nuevo suena todo lento y minimalista, parece serio o adulto. Así pueden reflexionar y meterse más. Antes agredíamos a la gente, y capaz decían: “No quiero que Primal Scream me siga atacando” (risas). Ahora no les seduce que les gritemos, sino que les susurremos al oído. Ya no les chillamos en la cara.

-“I Love To Hurt”, de 2008, también fue una colaboración que trataba de una relación destructiva, ¿verdad?

-(Piensa). Sí, en el mismo contexto electrónico y agresivo. Esos temas son buenos, pero creo que hoy escribo de una forma más clara, concisa y afilada. Mis letras de ahora son mejores, aunque aquel fue tan genial que lo grabamos en tres versiones (risas). Nunca decidimos qué toma sacar de cada canción. Pero no la escribí desde mi punto de vista, sino como una letra pop animada, ¿sabés? Entonces capaz le faltaba eso. A “Utopian Ashes”, en cambio, lo compuse directamente con mi perspectiva.

-También bromeabas sobre cómo primero le presentaste estas ideas a la banda y no recibiste un feedback. ¿Fue tan así?

-Sí. Mi compañero compositivo en Primal Scream es Andrew Innes, que es guitarrista y le gusta lo electrónico. A veces le mostraba cosas y le preguntaba qué le parecía tal letra… ¡y no me decía nada! (risas). Sea cual fuera la razón, Jehnny estaba más dispuesta a darme su opinión. Y eso fue genial.

De todas formas, a Bobby y ella los acompañan el propio Innes, el pianista Martin Duffy y el baterista Darrie Mooney (de Primal Scream). El bajista fue Johnny Hostile, esposo de la cantante y productor de Savages. En definitiva, una combinación perfecta entre ambos bandos.

-Para vos, nadie sabe qué hacer con las “emociones negativas”, pero lo lindo es preguntárselo. ¿Componer sobre el desamor es el primer paso para llegar a la respuesta?

-Bueno… si estás casado y con hijos, y ambos “invirtieron” mucho para empezar una familia, no vas a contar en público que las cosas andan mal. Porque estás pasando una crisis existencial, y puede llevarte a colapsar y un montón de cosas horribles. Te ponés en mute, no sabés qué decir, estás disociado de la vida, profundamente deprimido. Si tenés la suerte de pagarle a un psicólogo, capaz hablás de tus problemas con él. Pero incluso no va a poder ayudarte, porque sólo es una herramienta. Quizás pueda sugerir cosas para reconciliarte. En cambio, haciendo arte soy afortunado de poder escribir de eso y dejar plasmadas las partes problemáticas. Las trabajo así, y no todos cuentan con esa suerte. El disco trata sobre la “desarticulación” emocional. Cuando estamos en la situación que se describe en las letras, que son dos personas que viven juntas pero solas y separadas, nos encerramos. No sabemos qué decir, porque no vemos más allá de eso en lo que estamos atrapados. El arte es una forma de exorcizar los sentimientos. Pero la razón por la que hice el disco fue para que otros se sintieran identificados con sus vidas y experiencias. Ojalá les dé fuerzas y vean que hay muchos más en el mundo pasando por eso. Es lo grandioso del arte, la música, la literatura, la poesía o el drama: te presenta situaciones en las que podés reflejarte. Cuando ves una película, una obra de teatro o leés un libro, te identificás con los personajes y avanzás desde ahí.

-En “Sunk in Reverie” planteás que el odio por el otro, muchas veces, es sólo una proyección de lo que sentís por vos mismo. ¿Te pasó?

-Claro, tal cual. Es una canción introvertida, de disgusto sobre la sociedad y tu propio ser. El narrador ve a la gente comportándose como vampiros, y piensa: “Yo fui uno de ellos, y todavía podría serlo. Pero tengo que pensar en mí”. Es de autoconciencia, el tipo se los cruza a todos en un club o una fiesta y piensa que es asqueroso, aunque sabe que era de esos. Coincide con mi personalidad, ¡soy un socialista antisocial! (risas).

-A todos nos pasa, ¿no? Más con este aislamiento.

-Sí, totalmente. Es como cuando decís: “Voy a ser feliz… mientras me dejen solo” (risas). Pero es bueno darse ese lugar.

OTRAS ENERGÍAS

2021 es un año muy agitado para Bobby Gillespie. Además de “Utopian Ashes”, en septiembre arranca una colección por el 30 aniversario de “Screamadelica”; en octubre se editará su autobiografía, “Tenement Kid”; en noviembre habrá un disco en vivo del Levitation Fest de 2015; y también se confirmó la reedición de “Riot City Blues” (2006).

El cantante dice: “Hay tres grandes lanzamientos sobre ‘Screamadelica’. Entre ellos, cosas que la gente jamás escuchó”. Se refiere a un picture disc; un box (con nueve singles de 12’’ y un décimo disco de mezclas inéditas). La caja también incluye tres réplicas de Paul Cannell, quien se había encargado de la tapa original. La tercera y última novedad alrededor del álbum será “Demodelica”: aparecerá el 15 de octubre, y mostrará cómo la banda trabajaba en estudio. Traerá, además, textos de Jon Savage.

En cuanto al nuevo “Riot City Blues”, Gillespie dice: “Ahora lo convertimos en un disco doble expandido, con otro orden. Incluye todos los temas que grabamos en 2005 y 2006, que habíamos dejado afuera. Creo que funciona mucho mejor de esta forma, así que mantengan los ojos abiertos”.

-Esos discos eran muy energéticos. Con Primal Scream ponían a DJ’s luego de los shows, para que la gente no rompiera cosas a la salida. Más allá de que “Utopian Ashes” busca otras emociones, ¿cómo van a manejarlo? Es diferente, pero también apela a lo pasional…

-Bueno, era a comienzos de los ‘90, a principios del acid house, y todos iban a nuestros shows pasados de éxtasis. Querían bailar y “get their rocks off” (sic) hasta las seis de la mañana. Éramos nosotros y DJ’s como Andrew Weatherall, Paul Oakenfold o Alex Patterson, de The Orb. El género nos inspiró a nosotros y a la música de “Screamadelica”, y estábamos mezclando su energía con el rock and roll, juntando los dos mundos. Pero “Utopian Ashes” es moderado y reflexivo, así que los conciertos van a ser diferentes y discretos, casi “ritualísticos”. Incluso vamos a tocar en catedrales, como la de Manchester y la de París.

-Es interesante cómo a veces tu mensaje fue abstracto, y otras más directo. “Stones of Silence” te mete en el personaje que decías, y es un contraste con el resto de este disco.

-Sí, pienso igual. Hice la mayoría de las letras, así que son bastante directas, crudas y planas. Pero Jehnny escribió las estrofas del tema y yo el estribillo, así que no sé a qué le canta (se ríe). Me encanta cómo suena, así que es como un puzzle. Sólo sé lo que yo quiero decir en el estribillo y que está relacionado con otros temas, pero no lo suyo.

-Es genial mantener el misterio entre ustedes.

-Sí, totalmente (levanta los dedos).

Gillespie comenta que escribió “Utopian Ashes” con muchas técnicas literarias. Un ejemplo es el inicio de “Self Crowned King of Nothingness”, con el formato de spoken-word: las letras no encajaban en la canción que le antecedía, y las usó ahí.

“Porque en ‘You Can Trust Me Now’ no había terminado de contar la historia -agrega-. Tenía tres estrofas y sentía que debía completar la narración. Así que hice un cuarto verso, pero no encajaba con la música, la batería, el piano y demás. ¡Y realmente quería que estuviera! Entonces la agregué como un relato al principio del tema, para que te introdujera. Funciona en el contexto de ‘Utopian…’ y te mete en la atmósfera”.

A TIEMPO DE CAMBIAR

-“2013”, de Primal Scream, hablaba de las clases bajas y la revolución juvenil. Para vos no necesitamos reformar el sistema, sino “romperlo y hacerlo de nuevo”. ¿Cómo se logra?

-Bastante fácil: parando el cambio climático. Es la forma de que el mundo se resetee, porque estamos más amenazados que nunca. Es mucho peor que la bomba atómica. Es socialismo o muerte, ¿sabés? No puede seguir la explotación capitalista en el mundo, porque en un momento no va a haber más agua. Tenemos que trabajar juntos por el bien de la raza y el planeta, sino vamos a quemarnos vivos y va a haber desastres, incendios y apocalipsis como en El Libro de las Revelaciones. Va a pasar.

-Y ya está ocurriendo…

-Sí, lo vivimos ahora mismo. Necesitamos cooperar para salvar al planeta y a nosotros mismos. La única manera de hacerlo es de forma socialista y comunitaria. Hay demasiados recursos para que todos llevemos un buen nivel de vida. Es lo que tenemos que comprender… si sólo la gente se despertara, ¡¿sabés?! Somos idiotas e ingratos, nunca jamás vamos a aprender. Abusamos una y otra vez de este regalo que nos dieron. La humanidad es estúpida, ambiciosa, narcisista y asesina; pero también amorosa y solidaria. Es bastante simple, si me preguntás a mí. Tenemos que ir hacia una economía verde, compartir y mirar a nuestros prójimos. No debería haber favelas ni villas, no hay necesidad. Es posible que la gente viva bien y decentemente, con comida y un trabajo bien pago. Si viramos a lo ecológico, todos pueden tener un trabajo, además de que vamos a salvar al planeta. Cada uno va a sentirse bien por eso y por ganar dinero con sus manos. Sería mejor para la economía, porque se gastaría en el mismo ciclo. Necesitamos una revolución ecológica.

“Utopian Ashes”, el nuevo disco de Bobby Gillespie y Jehnny Beth, se consigue en formato físico y digital. Además, el libro del cantante saldrá en octubre, y también habrá reediciones de “Screamadelica” y “Riot City Blues”.

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