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El reloj social es nuestro peor enemigo

hermana solta el reloj
La crisis de los treinta, de los cuarenta, de los cincuenta, de los sesenta… La eterna crisis de la edad que nos subestima, nos denigra y compara con otras mujeres de otras edades

“Que este finde nos encuentre a todas soltando relojes y poniendo hermosas y salvajes caras de culo a quienes nos quieran decir que estamos llegando tarde a algo”.

Mujeres que no fueron tapa.

Hace unas semanas mi mamá cumplió sesenta años y, a diferencia de lo que dice la gente sobre “exponer la edad de una mujer”, yo pienso que es espectacular contar su edad, me emociona muchísimo pensar en todo lo que vivió porque, aunque hoy sesenta años sea ser joven, ¡son un montón de años! En el buen sentido: es experiencia, aprendizajes y un camino largo de vivencias.

Es curioso como hoy en día la edad de una mujer sigue siendo “tema”. No es casual que la edad de un hombre no importe tanto mientras que la de una mujer sí. De hecho, llama mucho más la atención cuando una mujer mayor está con un hombre joven que al revés. De igual modo, la mayoría de veces, quien es juzgada es la mujer. El tipo grande es un genio por agarrarse la pendeja y el tipo joven es también un genio por agarrarse a la MILF. ¿No será por este tipo de cuestiones que a las mujeres les avergüenza tanto decir su edad? O peor, ¿No será por estas cosas que a las mujeres les avergüenza crecer?

La crisis de los treinta, de los cuarenta, de los cincuenta, de los sesenta… La eterna crisis de la edad que nos subestima, nos denigra y compara con otras mujeres de otras edades.

“Está bárbara para la edad que tiene”, “está hecha mierda para la edad que tiene”, que si se operó o no se operó, que si engordó o adelgazó, que las arrugas, que fue mamá y quedó destruída o que no parece que haya sido mamá y que blah blah blah.

Crecimos pensando que el paso del tiempo era nuestro peor enemigo, que un reloj biológico contaba las horas a nuestras espaldas. Pero la realidad es que todo eso es obra maestra de la sociedad machista que aún nos acompaña (más de lo que creemos), la sociedad que piensa que las mujeres deben ser madres, porque eso es lo que se espera de nosotras; que seamos madres y jóvenes. Se piensa que las madres son solo madres, que hay un reloj sexual además del biológico, como si el tiempo nos debilitara, nos volviera menos valiosas, menos pudientes, mientras que al hombre lo vuelve más fuerte, más potente y más gozoso.

El domingo pasado vi una película que se llama Amor de madre del director Paco Caballero. Fue el plan perfecto para una tarde dominguera y resacosa. Al principio parecía una peli inofensiva y nada más, quiero decir, esa peli que te hace compañía sin necesidad de prestarle tanta atención. Pero, al cabo de un rato, comencé a escuchar ciertos diálogos de Carmen Machi que me hicieron abrir un poco más la oreja. La trama de la peli no me cautivó particularmente, sin embargo, me gustaron mucho las actuaciones de todes y sobre todo, lo que a mí me resultó interesante de la peli, la historia de la madre (Machi) mucho más que la de el protagonista.

Por un lado, está la narrativa principal: a José Luis lo dejan plantado en el altar y tiene una luna de miel por delante a la cual no quiere ir solo (estoy simplificando la historia para llegar al punto en cuestión). La madre, que desde el comienzo de la película la muestran queriendo ayudar a su hijo, le propone acompañarlo para que pueda hacer su duelo allá en la playa y no encerrado en su casa. Así arranca este viaje bizarro y medio cringe de estos dos personajes. A lo largo del film, vemos a José Luis rechazando a la madre en varias oportunidades, nada que no hayamos visto antes o mejor dicho, nada que no hayamos hecho antes.

¿Cuántas veces hemos rechazado a nuestras madres? Muchas veces sin motivos, otras con muchos (sin entrar en terrenos de madres tóxicas, ausentes, maltratadoras, etc) ¿Cuántas veces las hemos pensado solo como madres? Olvidándonos de ellas como mujeres, como personas independientes. En un momento de la película, José se da cuenta de que no conoce a su madre para nada. Ella le cuenta que antes de que su padre y ella estuvieran juntes, ambes tenían otras parejas a las cuales dejaron para ponerse de novies. José se sorprende porque no entiende cómo es que nunca supo eso y la Machi, con una sola frase, “Yo tenía una vida antes de conocerte a tí”, corta el cordón umbilical entre ella y su hijo y logra que José tome conciencia de la larga vida que tuvo ella antes de que él existiera.

Amor de madre
Protagonizada por Carmen Machi y Quim Gutiérrez, Amor de madre se convirtió en la segunda película de habla no inglesa más vista en la plataforma (Netflix)

Parece una obviedad, pero no lo es. Entender que nuestras madres no solo tuvieron una vida antes de nuestro nacimiento, sino que aún la tienen. Se piensa que las madres deben ocupar todo su tiempo en sus hijes, se da por sentado que eso es la prioridad en todo momento, que deben ser más madres que mujeres. Y quienes no ocupen su tiempo en eso, porque tal vez no desean ser madres, llaman la atención. Si estás en pareja, la típica: “¿Y para cuándo el nene?”. Si no lo estás: “¿Y para cuándo el novio?”. Porque obvio que ser madre soltera, o ser dos madres, les parece una aberración fuera de la “norma” socialmente aceptada. Porque nos quieren madres funcionales, heteronormativas y con cierta edad.

A la Machi, en la película, se la ve gozosa, disfrutando cada momento. Ella no pudo irse de luna de miel con su marido, así que ese viaje, para ella, es una luna de miel con ella misma, un festejo de su ser mujer. Y, a pesar de estar ahí con su hijo, nada le impide hacer su propia aventura. Desde hacer toples en la playa, tomar cuantos daikiris se le da gana, fumar porro, hacer las excursiones que le divierten hasta dejarse seducir y también ella seducir a un hombre que le gusta. Todas cosas que su hijo le reprocha al comienzo de la película, la juzga y hasta la critica, al punto de decirle algo así cómo: “¿Por qué un hombre así se fijaría en una mujer como vos?”. ¿Qué quiere decir una mujer como ella?, le pregunta Machi al hijo. Él no sabe qué responder y luego no se sigue desarrollando mucho más esa cuestión. Pero, me tomo el atrevimiento de analizarlo y no me quedan dudas de que se refiere a la edad: “Una mujer como vos” sería una mujer mayor, “poco atractiva”, “poco deseable”.

hermana solta el reloj
Mujeres que no fueron tapa, una página de Instagram que recomiendo muchísimo, comenzó el hashtag de #Hermanasoltáelreloj, una campaña contra la “fecha de vencimiento de las mujeres”

Hace unas semanas Mujeres que no fueron tapa, una página de Instagram que recomiendo muchísimo, comenzó el hashtag de #Hermanasoltáelreloj, una campaña contra la “fecha de vencimiento de las mujeres”. La idea era justamente abrir el espacio para que las mujeres cuenten sus experiencias en relación al paso del tiempo.

“¿Alguna vez recibiste comentarios de familia, amigues o gente del entorno sobre que tenías que tener una pareja antes de los treinta años?”. Muchas contaron sus vivencias y, más o menos distintas, todas coincidían en lo mismo: un apuro que nos persigue desde chicas, un mandato, una obligación. La imposición del miedo a la soltería, la asociación de la misma a la soledad y a la infelicidad. Como si la soltería no pudiese ser también una elección. El fantasma de la vejez que acompaña y nos susurra: “No te quedes sola”, un “sola” que para el patriarcado significa sin pareja heterosexual. Ahí está ese miedo a crecer, esa vergüenza a decir nuestra edad.

Nos da pánico ser esas “mujeres fracasadas” de las cuáles tanto hablan, como si fuera ese monstruo que estaba abajo de nuestra cama, por el cual no nos destapábamos, por el cual dormíamos con un ojo abierto toda la noche, por el cual nos hacíamos pis en la cama. ¿Acaso no nos hemos sometido infinitas veces a ese monstruo? ¿Acaso no nos ha humillado lo suficiente? ¿Cómo es que hemos podido llegar a tenerle miedo a crecer?

Y, si bien estas creencias poco a poco van cambiando, producto de numerosos movimientos y voces que por fin son más escuchadas, fuera de los ambientes “más abiertos” todavía la gran mayoría de la sociedad sigue castigando a la mujer-no-madre. Porque en verdad lo que molesta, lo que les retuerce el estómago, es el deseo femenino, es la decisión propia sobre el tiempo y la vida. Es existir y vivir sin la necesidad de traer a alguien más al mundo, como si eso fuera un acto egoísta. Porque disfrutar, disfrutarnos, les parece un acto egoísta; por eso a José Luis le molesta tanto verla a su madre pasarla bien, ¡por fin!

Amor de madre
En el film él no le permite disfrutar su ser mujer de forma independiente, su sexualidad como expresión de deseo y bienestar mucho más allá de un acto físico y concreto. José Luis podría representar el reloj castigador, el apuro patriarcal que empuja, estigmatiza y presiona (Netflix)

Spoiler alert para quienes quieran ver la peli: llegando al final, hay una escena en la que Carmen Machi está tomando un trago junto a este hombre que le atrae y aparece su hijo, quien la viene siguiendo desde hace un rato. Él la interrumpe porque quiere frenar la situación, allí es cuando le dice lo de “cómo un hombre así saldría con una mujer como vos”, a lo cual ella, probablemente por amor y para no mandarlo a la mierda, finge demencia y sigue… Después, él le dice que hace todo eso para protegerla y ella le responde que no necesita que haga eso (otra vez subestimación y juicio). ël le dice que no parece que no lo necesite. Ella le pregunta: “¿Y qué es lo que te parece?”. Y él le responde: “Que estás engañando a papá”. Desde ya que esta creencia de él viene de muchas otras cosas: la idea del amor romántico, la monogamia como modo de represión y control, entre otras cosas. Pero, ahí podemos ver claramente cómo él no le permite disfrutar su ser mujer de forma independiente, su sexualidad como expresión de deseo y bienestar mucho más allá de un acto físico y concreto. José Luis podría representar el reloj castigador, el apuro patriarcal que empuja, estigmatiza y presiona

Como con la campaña de aborto, seguro, legal y gratuito, como con la campaña de niñas no madres, como la historia que nos llevó a tener que salir a las calles para defender nuestros derechos, nuestros cuerpos son nuestras decisiones.

Elegir qué queremos hacer con nuestras vidas es ganarle a esos relojes, a esas presiones, a la vergüenza y al miedo que nos inculcaron. No seremos ni viejas por la edad, ni brujas por no querer ser madres, ni resentidas por no poder serlo. El reloj lo manejamos nosotras y no tiene fecha de vencimiento.

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